Esta Capilla es Monumento Histórico Nacional desde 1967. Una maravillosa joya arquitectónica de adobe y algarrobo en el centro de la ciudad. La Capilla puesta bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario, se encuentra en la entrada del pueblo de Hualfin, frente a la plaza principal. Data de 1770 y es una de las más bellas iglesias coloniales catamarqueñas ubicada en el antiguo camino del Inca.

El templo y la Capellanía de Hualfin la mandó a construir una tucumana, María Medina de Montalvo, hija del capitán Claudio de Medina. La obra se comenzó a edificar luego de la autorización del Obispo de Tucumán. La misma tuvo el título de Vice Parroquia de Belen. Y es la segunda, en pie, más antigua de la provincia, la primera, de 1712, es la Capilla nuestra Señora del Rosario en Anillaco (Ruta del Adobe).

Al lado de esta se encuentra el Museo Arqueológico José Saravia, donde se puede apreciar significativo material cultural asociado al Pucara de Hualfin, sitio estratégico fortificado de altura, es el más alto del valle y reconocido por el descubrimiento de las Culturas Condorhuasi, Ciénaga, Aguada y el asentamiento de la Cultura Belén. Del otro lado está el antiguo cementerio.

El edificio es a dos aguas con techo de tejas cocidas. El pórtico es de cedro macizo. Al ingresar un retablo pintado multicolor resalta por, sobre todo. Hasta el púlpito también de cedro tallado pasa desapercibido ante tal muestra de arte. El retablo se fabricó con ladrillo cocido, presenta tres hornacinas con columnas a los lados. El frontispicio está hecho con molduras, revocado con cal y pintado.

Esta la imagen de bulto de Nuestra Señora del Rosario, patrona tutelar, la corona que posee es de plata y fue donde por Catalina Bustamante. La vestimenta actual fue confeccionada por las monjas Carmelitas Descalzas de Tucumán y bendecida en 2004 por los padres agustinos de la prelatura de Cafayate. Sobre la pared están la vestimenta original de la imagen. Un vestido de raso carmesí, su alba con encajes y enaguas.

Un manto de lana blanco.

Una placa recuerda que en ese lugar rezó Juan Lavalle en 1841 antes de partir a “su destino final en la quebrada de Humahuaca”.

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