Catamarca con su clima templado, con fuertes amplitudes térmicas entre el día y la noche, acentuadas por las diferentes altitudes en todo el territorio, las asimetrías del terreno y el régimen de lluvia ,todo determina una flora singular que va desde los extensos cardonales a la exuberancia de las yungas. Suelos áridos y ferroso arenoso, genera la permeabilidad y penetración de las sales durante las torrenciales lluvias estivales, es tierra de especias, vinos pateros, artesanales y bodegas de finos vinos de altura.
Bodegas gravitacionales con una vuelta a la tradición y el respeto por la uva, otras productoras de vinos orgánicos en la cual su cosecha se basa en el calendario que utiliza la biodinamia, también llamado lunar. Vinos sin químicos, ni pesticidas de las uvas, cepas como tempranillo, chardonnay, bonarda, malbec y syrah, persistentes al paladar, perdurables, como los buenos recuerdos de un hermoso viaje.
La gastronomía y el enoturismo, es una temática con la que cada viajero confronta y juega un papel fundamental en la conformación de un destino, ya que son los portavoces del mismo y en muchos casos el primer contacto entre el lugar y el visitante. En muchos casos falta la información que permita conocer toda la riqueza que ofrece la región, ya que no se trata solo de una comida en sí, también es el ambiente típico de un lugar y las costumbres locales que juegan un papel muy importante y son el ingrediente que genera un valor agregado en esos momentos. Todo en conjunto produce el placer y el bienestar que el visitante espera.
Al recorrer RN 40 un imperdible es degustar el jigote/gigote, típico plato belicho, esta receta proviene de “Inventario de sabores” (Ferre-Pernasetti)
Ingredientes:
1 kg de carne picada a cuchillo, tapa de asado o similar, asada
1 kg de papas hervidas y peladas
½ kg de queso criollo de vaca
2 panes caseros
6 huevos duros
4 o 5 cebollas rebanadas

Salsa:
Pimienta
Comino
Pimentón
Ají molido
Aceite
Agua

Procedimiento:
Mientras conversamos, Juana rebana hábilmente rodajas de papas hervidas, las acomoda en una fuente. En otra ya tiene la carne bien picada con cuchillo. La carne puede ser tapa de asado o alguna parecida, que ahora es asada a la plancha para la ocasión, aunque cuando se hace con restos de asado “tiene otro gusto, un gusto más rico”. Huevos hervidos y pelados esperan su turno, junto con la cebolla en rodajas finas, previamente remojadas en agua hirviendo. En una olla de buen tamaño, prepara la salsa que el gigote necesita para fraguar el sabor de sus ingredientes: abundante agua, aceite, mucho pimentón, comino, pimienta y, si se quiere picante, ají. El resultado es un caldillo perfumado, de color rojizo intenso, que se mantiene tibio para agregar en el momento oportuno. El queso criollo también será trozado en rebanadas, es queso de leche de vaca; Juana lo prefiere por que el de cabra tiene un sabor más fuerte que no se lleva bien con el gigote, solamente falta rebanar el pan casero, lonjas delgadas, pero grandes, de pan en horno de barro tradicional. Llega el momento de armar la olla, es decir, darle forma al gigote. Juana va colocando prolijamente primero la salsa rojiza y perfumada, después las rodajas de cebolla, luego va la carne, encima más rodajas de papa, después el huevo, entero o en rodajas grandes. Enseguida, las rodajas de queso y, finalmente el pan. Ya está armada la primera capa, se baña nuevamente con salsa y se repite de nuevo cada capa, en el mismo orden. El proceso se repite y en la última, un baño con la salsa que queda y pone la olla tapada a fuego lento. Una hora después, se disfruta bajo la sombra de los arboles acompañado con un buen vino tinto. El pan resulta suave y blando en la salsa de intenso sabor a comino y pimentón y el queso criollo derretido junto con la papa y los trozos de huevo duro hacen una mezcla con un sabor indescriptible.