La comunicación con Antofagasta de la Sierra está dada por la Ruta Provincial 43, hacia el sur esta ruta se comunica con las poblaciones de Barranca Larga y Villa Vil y la ruta se conecta con la RN 40, en el paraje El Eje.
El camino va subiendo entre más y más curvas mientras que a los costados los tonos ocres y claros contrastan con un impecable cielo azul típico de la puna, hasta que de golpe ¡ZAS!, la subida se encuentra con un médano impresionante.
Mientras contemplamos toda ésa montaña de arena, lo primero que uno piensa es “dale, subamos y nos tiramos rodando” pero cuando uno se baja del vehículo la realidad te da una cachetada y enseña que la puna es la puna y hay que respetarla.
El viento hace caminar inclinado y los pasos van despacito, buscando la mejor panorámica para la foto, de repente empieza a faltar el aire, si se agacha para hacer otra toma, es mejor que se levante lento, despacito o sentirá que la cabeza pesa más de lo normal. Las dunas de Randolfo azotan la ruta y dependiendo del tiempo, esconden en su manto el camino, a poco de andar, desaparecen las pisadas, por el viento, que las esculpe constantemente. Es un deleite subir hasta la cima de estos médanos y dejarse caer por la arena finita que se mete por los recovecos de la ropa. Es aquí donde la cámara de fotos empieza a andar mal porque son tan chiquitos sus granos dorados que es imposible protegerla.

Hasta hace unos años consistía en un camino de impresionantes zigzags, que llegaba a los 4.800 metros sobre el nivel del mar. En la actualidad, tiene pendientes más suaves y conserva las fantásticas vistas.
Enormes dunas oprimen la cuesta y por momentos ganan la ruta, la cubren y crean un gran contraste de colores entre las montañas casi negras y los manchones de arena, en un paisaje que cambia constantemente por el viento.
La cumbre de la cuesta es coronada por una ermita a la Difunta Correa y varias apachetas en un claro sincretismo religioso y cultural y, se quiera o no, todos hacen aquí una escala obligatoria. Allí se suelen ofrendar hojas de coca y agua, en ofrendas a la Pachamama.
A 3.200 metros sobre el nivel del mar, este paso se convierte en un abra hacia otro valle desértico, con amplias planicies en las que el viento dibuja remolinos con las arenas.
Después del médano gigante y su curva parece que ya está lo peor porque el camino comienza a bajar y hasta se pone plano, pero de manera suave sigue subiendo sin más preocupaciones, además el paisaje sigue encantando y van apareciendo los primeros animales que vemos en el camino. Llamas y vicuñas, son las dueñas de la altura, y mientras se va subiendo el paisaje vuelve a cambiar. Los diferentes tonos de grises, rojos, dorados y curiosas formas maravillan todo el camino.
Un poquito de Historia:
Hasta fines de la década del `70, para llegar a Antofagasta de la Sierra, capital del departamento homónimo de la provincia de Catamarca (surgido del desmembramiento del Territorio Nacional de los Andes), había que hacerlo por un largo camino que ascendía a la Puna por la provincia de Salta, por San Antonio de los Cobres.
Finalmente el gobierno de Catamarca decidió emprender una obra vial que uniese de una manera más expedita las localidades de Belén, Hualfín, Villa Vil, con la lejana Antofagasta de la Sierra.
Fue así que se abre la que actualmente es la RP43, que sube al altiplano por la famosa Cuesta de Randolfo, luego prontamente y debido a sus constantes derrumbes, quienes tenían que acceder a Antofagasta de la Sierra, El Peñón o Laguna Blanca, pronto encontraron un "atajo" a campo traviesa que evitaba su intrincado trazado.
En los años `90, el camino ya no pasaba por la famosa y mentada "Cuesta de Randolfo"